Hace no mucho tiempo, cuando todavía no era trabajadora sexual tuve un sueño muy perturbador, tal vez por el estress de plantearme entrar o no a formar parte de esta profesión, este artículo fue publicado en la web del colectivo Caye al cual pertenezco.

Al final he de confesar que el sueño se hizo realidad y además me encanta mi nueva profesión, He aquí la historia

UN SUEÑO PROHIBIDO Y UN ESTIGMA

Una vez un compañero de trabajo nos contó una pesadilla horrible, Carlos es un buen hombre, un hombre pacífico y que colabora en su tiempo libre con ONGs en temas relacionados con el tercer mundo.

Un buen día durante el descanso para comer nos reunimos varios compañeros en el office. Carlos nos narró su pesadilla:

No hace mucho tuve una pesadilla, soñaba que llevaba una pistola en la mano, corría como un loco e iba disparando a todo aquel con el que me cruzaba. Iba dejando un rastro de cadáveres a lo largo de todo el sueño. ¡Era un asesino!, un asesino sin motivos.”

Carlos se mostraba apesadumbrado, yo le miraba con los ojos muy abiertos mientras revolvía con desgana mi ensalada.

Le tranquilizamos. Tio, tranquilo, una cosa son los sueños y otra muy distinta el mundo real.

Aun así, el haber sido un asesino aunque solo sea en sueños me ha dejado un poco tocado, durante el sueño no sentía remordimientos y ahora, la mente tiene unas cosas ¡Uff!”

Nadie en aquella sala temía nada de Carlos, le conocíamos bien, también sabemos distinguir entre una pesadilla y el mundo real. Además yo no creo personalmente en las premoniciones. La reputación de Carlos siguió intacta, nadie creímos que pudiera convertirse en un asesino solo por soñar que lo fue.

Zanjada esta anécdota contaré un sueño que tuve hace unos días, un sueño hiperrealista. Un sueño que tengo que contar a través del blog de un tercero y con pseudónimo. El peso del estigma, incluso para mí que cargo con varios estigmas y muy gordos, es excesivo y una de mis batallas es acabar con el estigma de las putas.

El tema será morboso para la mayoría, solo unas pocas personas van a entenderlo. Si contase mi sueño con mi nombre real no disfrutaría de la indulgencia que tuvimos con Carlos, y eso que en mi sueño no puse en peligro la vida de nadie.

Ocurrió que soñé que era una puta.

Así literalmente, soñé que hice mi primer servicio a mi primer cliente. He de aclarar que el sueño sucedió, no fue una historia armada en mi fase de vigila.

Tener un sueño hiperrealista con sexo explícito es algo que pocas veces me ha pasado, en un sueño normal siempre sucede algo absurdo, o irreal, pero en el mío no, todo tenía sentido, hubo planteamiento, nudo y desenlace.

Había captado un cliente, aunque el cómo y el cuándo nunca formaron parte de la trama argumental de mi sueño.

Mi cliente era un hombre algo corpulento, al parecer peruano. No me preguntéis por qué, hubiera podido ser de Alpedrete, Barcelona o chino; mi cliente era peruano, punto.

Desde el primer momento empecé a caer en la cuenta de los numerosos errores que estaba cometiendo. Así de primeras, no negocié ni los servicios ni le dije me tarifa.

Nena, una cosa es ser novata y otra gilipollas”, (En los sueños a veces se critica una misma)

Saqué del cajón del armario de mi habitación una cajita cuadrada azul de preservativos de marca muy conocida, ¡Por las barbas del diablo!, ¡estaba prestando el servicio en mi propio dormitorio y con la familia en casa! ¿Nunca has oído hablar de la discreción?

La cosa ya no tenía remedio, así que sin preliminares ni pedir al cliente que se duchase saqué el preservativo de su bolsita, cuadrada y plateada y por fin sucedió algo que no es común en el mundo real y es que te envasen los preservativos medio desplegados. Ni que decir que me las ví y me las deseé para poner el preservativo en el miembro de mi cliente en esas circunstancias, lo que estorbaba esa tira blanca que ponen ahora para que no los pongas al revés. Ya sucedió el hecho absurdo de todo sueño.

Cabalgué a mi cliente y pude notar en mi vagina perfectamente cada movimiento y cada sensación. ¿Así que es esto lo que se nota al ser penetrada? Pensé para mis adentros, lo encontré físicamente placentero aunque sin ninguna conexión emocional con mi cliente. Estaba en modo ni chicha ni limoná

Terminé el servicio con un francés. Vamos, que servicio convencional y mas vainilla no se me ocurre.

Acabado el servicio solicite el pago del mismo empecé a cuestionarme cosas. ¡Oyeee esto se pide antes dé, y no después dé! ¿Y si se marcha sin pagar?

Mis dudas se disiparon rápido, me largó dos billetes nuevecitos de 20 euros sin estrenar.

¡Soy gilipollas, gilipollas!. ¡Por no negociar te quedas muy por debajo de los 100 de tu tarifa!

Al pronto se me vino a la cabeza un pensamiento nada original.

Ya eres oficialmente una puta, desde hoy y hasta el día que mueras, aunque no vuelvas a hacerlo mas.

A la mañana siguiente, ya despierta, no me atrevería a describir el sueño como pesadilla, ya que no lo pasé mal, ni tampoco lo calificaría de sueño erótico a pesar de haber sexo explícito en él, porque erotismo tuvo poco. Simplemente me pareció una curiosidad, una simple broma onírica digna de análisis, tal vez a consecuencia de un exceso de frentes abiertos en el activismo. No puede evitar abrir el cajón de mi armario para buscar la cajita de condones; seguía allí precintada envuelta en papel celofán. ¡todo ha sido un sueño!. Aún así tanto mi cama, mi armario y la dichosa cajita eran objetos reales, lo que me resultó un tanto perturbador.

Mi sueño solo era para mí una curiosidad que se presta a interpretar cosas de mí alegremente.

No me atormentó este sueño, lo que me atormenta es no poder contarlo sin ser juzgada, reconozco que no soy tan valiente como mis amigas las putas de verdad, las que se ganan la vida con el trabajo sexual.

Lo que son los estigmas, que hasta te pueden quitar la libertad de contar una historia. Yo a día de hoy puedo decir que no soy puta, pero ya no puedo decir. ¿Yo puta?, ¡Ni en sueños!, ya que desde hace unos días sería mentira.

 

 

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